En
el Universo todo vibra, y nuestros cuerpos enferman al no
estar en armonía sus vibraciones. El ser humano, desde
que nace, inicia la búsqueda para armonizar su cuerpo,
alma, y espíritu. Cuando se consigue esta armonía,
aunque sea temporalmente, experimentamos la paz con nosotros
mismos y con el resto del Universo.
Son muchos los caminos que el ser emprende para buscar el
bienestar con sí mismo, la mayoría de ellos
totalmente artificiales, cuando el Universo ha puesto siempre
a su alcance los medios para poder compensar los desequilibrios
a los que está expuesto: la Luz, el Sonido, las Plantas
y los Minerales.
Los minerales han tardado milenios en formarse y cristalizar.
Esconden una sabiduría, un orden y un potencial, que
el ser humano de hoy en día está empezando a
descubrir y utilizar. El oro y el cobre por
sus propiedades de conducción; el cuarzo,
que además de sus propiedades piezoélectricas
en la obtención de ultrasonidos, se emplea en la industria
óptica, en relojería, confección de pantallas
solares..., el tungsteno (mena de la wolframita)
que transforma la electricidad en luz...
Pero no sólo en la industria está todo el potencial
que nos brindan los minerales, la cada vez más extendida
experimentación con ellos en el campo de la sanación,
está evidenciando que estos también poseen un
alto potencial curativo que nos ayuda, junto con otros componentes
de la naturaleza, a conseguir el equilibrio de nuestro cuerpo
físico con el espiritual.
Muchos se preguntan qué es lo que hace que una gema
o cristal, intervenga en un proceso de sanación. Son
varios los factores que intervienen y entre ellos podemos
citar:
• La energía que guardan concentrada en su estructura
molecular
• Su composición química
• El color que irradian
• Su estructura cristalina
• La memoria almacenada
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